El zinc es uno de esos minerales que trabajan en silencio: interviene en cientos de reacciones enzimáticas del organismo, pero rara vez ocupa titulares. Merece más atención de la que recibe.
Un mineral muy versátil
Las declaraciones autorizadas del zinc son de las más amplias de cualquier mineral. Contribuye al funcionamiento normal del sistema inmunitario, a la protección de las células frente al daño oxidativo, al mantenimiento del cabello, la piel, las uñas y los huesos en condiciones normales, a la función cognitiva normal y al mantenimiento de niveles normales de testosterona en sangre, entre otras.
Qué forma elegir
Como todos los minerales, el zinc va unido a otra molécula. Las formas queladas (como el bisglicinato) o el citrato se toleran mejor a nivel digestivo que las sales inorgánicas. Muchas fórmulas lo combinan con vitamina B6 o con vitamina C, buscando un apoyo conjunto de defensas.
Precauciones
Aquí hay un detalle importante: el uso prolongado de zinc en dosis altas interfiere en la absorción del cobre y puede llegar a provocar su déficit. Por eso conviene no abusar ni combinar varios suplementos que lo contengan. Además, el zinc reduce la absorción de algunos antibióticos, así que deja al menos dos horas de separación.
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Este artículo tiene carácter divulgativo y no sustituye el consejo de un profesional sanitario. Los complementos alimenticios no deben utilizarse como sustituto de una dieta variada y equilibrada ni de un estilo de vida saludable.




