Hierro: cuándo conviene y cómo se absorbe mejor

Pocos minerales generan tanta relación de amor y odio como el hierro. Es imprescindible, pero también el que peor suele tolerarse. La buena noticia es que hoy hay formas mucho más amables que las de antes.

Qué hace el hierro

El hierro contribuye a la formación normal de glóbulos rojos y de hemoglobina, al transporte normal de oxígeno en el cuerpo, a disminuir el cansancio y la fatiga y al funcionamiento normal del sistema inmunitario. Es, en esencia, el mineral que lleva el oxígeno a cada célula.

El problema de la tolerancia

Las sales de hierro clásicas, como el sulfato ferroso, suelen dar molestias digestivas y estreñimiento. Por eso han ganado terreno las formas bisglicinato (quelada) y liposomada, que se absorben por vías distintas y resultan mucho más llevaderas.

El truco de la vitamina C

Aquí está el consejo práctico que más rinde: la vitamina C aumenta la absorción del hierro. Tomarlos juntos —o acompañar el hierro de un zumo de naranja o un kiwi— mejora su aprovechamiento. En cambio, el café, el té y los lácteos lo dificultan.

Un aviso serio

El hierro no se toma "por si acaso": conviene confirmar un déficit antes, porque la sobrecarga es perjudicial. Y muy importante: en dosis altas puede ser peligroso para los niños, así que mantenlo estrictamente fuera de su alcance.

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Este artículo tiene carácter divulgativo y no sustituye el consejo de un profesional sanitario. Los complementos alimenticios no deben utilizarse como sustituto de una dieta variada y equilibrada ni de un estilo de vida saludable.

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