La vitamina C es probablemente el complemento más popular de la historia, y por buenas razones: es de las que más funciones tiene respaldadas. Pero también arrastra mitos. Vamos con lo que de verdad está probado.
Todo lo que sí hace
La vitamina C contribuye al funcionamiento normal del sistema inmunitario (también durante y después del ejercicio intenso), a la protección de las células frente al daño oxidativo, a disminuir el cansancio y la fatiga, y a la formación normal de colágeno para la piel, los huesos, los cartílagos, las encías y los vasos sanguíneos. Y hay una función que a menudo se olvida: aumenta la absorción del hierro.
¿Cuánta tomar?
Es una vitamina hidrosoluble: el cuerpo no la almacena y elimina por la orina lo que no usa. Por eso muchas fórmulas reparten dosis altas o usan formas de liberación gradual. Como norma, las dosis muy altas pueden causar molestias digestivas, así que más no siempre es mejor.
Ácida o no ácida
El ácido ascórbico puro es, como su nombre indica, ácido, y en dosis altas puede resultar áspero para estómagos sensibles. Ahí entran las formas no ácidas (como el ascorbato cálcico) o los formatos amables como las gominolas. Todas aportan la misma vitamina; la diferencia es de tolerancia y comodidad.
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Este artículo tiene carácter divulgativo y no sustituye el consejo de un profesional sanitario. Los complementos alimenticios no deben utilizarse como sustituto de una dieta variada y equilibrada ni de un estilo de vida saludable.




